Friday, May 25, 2007

Las 2 o Más Colombias

Tomado de http://blog.colombiahoy.org/ por Alejandro Arenas.

En estos días de dolor y reflexión, ocasionados por muchos despropósitos de gentes importantes de nuestra Colombia, me he puesto a pensar que nuestro país se divide en dos o más países: uno es el de las telenovelas, los reinados de belleza, los viajes de ejecutivos por el mundo, hablando de las riquezas y bellezas de un país con grandes ventajas para los inversionistas, regido por ilustres gobernantes que saben solucionar los más graves problemas con actitudes generosas e inteligentes, apoyados por sabios congresistas que dictan leyes ejemplares, como la de Justicia y Paz.

El otro país es el de los desamparados, los que mueren por inanición en el Chocó y muchos sitios más; es el país de los que no saben leer ni escribir y que para sobrevivir tienen que pedir limosna o robar en las esquinas de las grandes y pequeñas ciudades. Quizás haya otros países en Colombia, como los de la prostitución, el asesinato diario, el tráfico de influencias o de cocaína que inunda de dólares el sistema financiero.

No hace mucho tiempo nuestro lindo país colombiano se sustentaba en tres clases sociales definidas. Una, la del poder y la gloria, los dueños de los bancos, haciendas y fábricas; los gobernantes, políticos, jerarcas de la Iglesia, etcétera. Enseguida, debajo,estaba la denominada clase media: pequeños propietarios, comerciantes, abogados, médicos, escritores, profesores, en fin. Abajo de las dos anteriores estaba el pueblo raso, obreros, campesinos, empleadas domésticas, vendedores ambulantes.

Hoy, gracias a las ideologías neoliberales, no existen sino dos clases, fue eliminada la clase media, de un solo golpe. Claro que quedan por ubicar, de esto sabrán los sociólogos, politólogos y analistas con títulos de Harvard, a los sectores sociales que abarcan a los narcotraficantes, los que se roban el tesoro público, los que se adueñan de tierras ajenas de campesinos pobres, los que fundan empresas de vigilancia y de salud, para timar. Y los que quitan cabezas y las entierran en lugares secretos, como se ha visto por periódicos y noticieros de televisión.

Sería interesante que los sociólogos analizaran este fenómeno de la guerra sucia y le dieran algún lugar en la estrategia de adueñarse el poder en los tiempos que corren, cuando el respeto por los derechos humanos sólo se nombra a través de noticias de organizaciones como Human Rights Watch y hace despeinar a los defensores a ultranza de los regímenes de derecha, no de Derecho.

Todo esto lo digo para que los estadistas y políticos colombianos piensen cómo se va a recomponer o a enderezar un país tan dividido, destrozado y anarquizado como el nuestro.Esta es la tarea que le estamos dejando a futuras generaciones, porque las pasadas y las actuales no hemos sido capaces de orientar a las juventudes colombianas que hoy se están hundiendo en un enorme y peligroso lodazal.

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