Wednesday, August 19, 2009

Aún es posible, enseñar a nuestros hijos a volar y hacer realidad sus sueños

Tomado del Diario El Tiempo



Un sueño es un deseo inminente; una razón que se repite en la mente y se fortalece en el corazón.

Una corriente en el interior con luz propia que se visiona y anhela, que ejerce fuerza en el recuerdo y se mantiene en la mente como una meta por alcanzar.

Todo sueño requiere de confianza; de fe inagotable que permite verlo sin ser aún realidad; de trabajo constante en el manejo de las dificultades; de perseverancia para disfrutar los aciertos y desaciertos con esperanza y determinación; de constancia para pulirlo dentro de un contexto real; de un tiempo para recorrer el camino con paciencia y tolerancia para crecer y madurar sin perder la fuerza y la pasión para hacerlo realidad con sentido y valor.

En el mundo inmediatista de hoy los padres buscamos complacer a nuestros hijos en sus gustos y caprichos sin medir y sin pensar en las consecuencias.

Todo por satisfacerlos, por demostrarles un errado cariño, por facilitarles la vida, por verlos felices sin entender con ello que los estamos empobreciendo, limitando y maleducando.
Con nuestra actitud los estamos enseñando, desde pequeños a no ser tolerantes ni a esperar, a no ser responsables ni persistentes, a recibir sin dar y a materializar su deseo sin enriquecer el interior.

Estamos destruyendo con esa complacencia la importancia de volar, de soñar para visionar y alcanzar la meta con esfuerzo.

No enseñamos a pescar para lograr su objetivo sino que pescamos por ellos y los hacemos inútiles y poco productivos.

Queremos quitarles el llanto, las caídas, el sufrimiento, el dolor, la fuerza, la frustración, el reto y hasta el aliento para avanzar; defendemos hasta el cansancio sus faltas frente a otros no permitiéndoles asumir las consecuencias de sus actos, manejamos su tiempo llenándolos de actividades extraescolares que no siempre sirven con la disculpa de que aprendan y sean competitivos.

Sin embargo, no compartimos con ellos nuestro tiempo para enseñarles a valorarse a si mismos, a conocer el poder de la palabra, a ser pacientes y perseverar frente a las dificultades y prepararlos para tomar decisiones coherentes con sus principios.

No los corregimos ni les ponemos límites, somos permisivos y poco exigentes en las tareas diarias quitando valor a lo realmente importante.

Queremos hijos seguros de sí mismos, responsables, auténticos, autónomos, respetuosos, emprendedores y creativos.

Seres justos, equitativos que puedan compartir y ayudar valorando lo que tienen y luchando por sus sueños; sin embargo educamos en contravía de lo que queremos siendo poco coherentes en el manejo queriendo ser más amigos que padres.

Nuestra tarea como primeros educadores es fortalecer su carácter, acompañarlos en su crecimiento interior, brindarles las herramientas que les permita formar sus propios criterios, ayudarles a descubrir cuál es el equipaje de vida que traen para que sean ellos quienes conduzcan el timón y aprendan a levantarse de las caídas con entereza.

El cambio es ahora; deje que su hijo descubra el mundo con sus ojos esto le permitirá entender lo que le rodea con sus fortalezas y debilidades, le abrirá un espacio para comprender que en medio de la hostilidad puede existir la razón, la justicia y la paz, que siempre hay algo por hacer y que nada es imposible si existe fe y voluntad.

Permítale avanzar y encontrar caminos; muéstrele con su ejemplo que el optimismo, el compromiso, la responsabilidad y el amor son el camino para crecer dentro de la familia, una sociedad y una comunidad escolar.

Soñar es posible si trabajamos en equipo para lograrlo, no olvidemos que nuestros hijos son la mejor apuesta por un mundo mejor.

Rectora de un Colegio

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